Regalos de espanto

Un grupo de elefantes de porcelana, uno adulto y otros pequeños

Como suele decirse, a la hora de hacer un regalo, la intención es lo que cuenta. Por eso, algunas veces, al descubrir bajo el papel de envolver un regalo realmente horrendo, todos nos hemos preguntado: “Pero, ¿y esto? ¿Con qué (malas) intenciones me lo han regalado si se puede saber?”. Y es que detrás de un bol de cerámica con flores estampadas, un tapete de crochet (no cuela como amigurumi), una bufanda de lana de las que pican a rabiar o un pelador de patatas multifuncional pueden esconderse miles de intenciones. Este tipo de casos son ideales para indagar sobre la verdadera esencia del ser humano.

Así que, para sumergirnos en la psique más profunda de nuestra especie, qué mejor que lanzar hipótesis sobre los motivos que llevan a la gente a regalar objetos tan, tan horrendos que parecen haber sido creados expresamente para sorprender, pero del susto. Para adentrarnos en este viaje tan apasionante como peligroso, debemos abrir la mente a todas las posibilidades y tener muy presente que los humanos somos seres especiales (en el mal sentido de la palabra).

Las gomas de pelo son un regalo muy recurrente, sobre todo cuando eres niña y pequeña. O no tan pequeña. Si has recibido este regalo con más de catorce años, quizás te preguntes si la persona que te lo ha dado piensa que aún no sabes dónde está la mercería de barrio donde tu madre las ha comprado toda la vida. ¿Encima son las básicas de color negro? Da gracias que no llevan ningún lacito de raso…

También hay personas que se toman al pie de la letra aquello de “si me vas a regalar algo, que no es necesario, que sea algo práctico”. Seguramente por práctico tu estés pensando en un monedero o un cinturón nuevos porque los tuyos están gastados. Por eso, cuando descubres que el presente es una aceitera, un lápiz o un cepillo de dientes (de los normales, no de los eléctricos) puedes llegar a quedarte sin habla. En una situación de tal riesgo una sonrisa congelada es la mejor solución para dar las gracias por el regalo y salir del paso.

Hablemos ahora de cuando te regalan esa camiseta “Harmani”. No, no se trata de un error ortográfico en el nombre Armani, se trata de una falsificación de ropa en toda regla. Este es el típico regalo “quiero y no puedo” que deja con la boca abierta… de fastidio. No porque sea ropa cara lo que esperas, sino porque es mucho mejor algo barato pero bonito y de tu gusto que no una marca “de prestigio” en la peor de sus versiones.

No podía faltar una mención y especial agradecimiento a todas aquellas personas que son expertas en regalar “pongos”. Una figurita de porcelana, una hucha de latón, un jarrón de cristal tintado, un imán de nevera cutre y un largo etcétera donde solo caben los regalos más desafortunados. Todos sabemos que lo más probable es que vayan derechos a la basura, si es que no salen volando por la ventana nada más el responsable de tal aberración se vaya de tu casa.

Después de revisar todos estos casos, es difícil establecer de dónde salen estas esperpénticas ideas de regalo, o si se necesita una mente evolucionada tanto para comprarlos como para ilusionarse al recibirlos. Las hipótesis podrían resumirse en tres principales: regalo de última hora, regalo que se haría la persona a sí misma, regalo más económico posible. Todas tan posibles como personas hay en el mundo, ¡y muchas otras que nunca sabremos!

Por todo esto, si vas a regalar, detente, y piensa en algo que realmente pueda gustar a quien lo recibirá y, si sabes que vas a recibir regalos pronto, solo te queda ensayar tu mejor cara de alegría… y pensar en el regalo más atroz que se te ocurra para cuando llegue el momento de obrar tu venganza.

 

 

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